BELMONTE BERMÚDEZ, LUIS DE (¿1587?-¿1650?) Nació en Sevilla hacia 1587 (fecha discutida por Méndez Bejarano), pasando pronto a Méjico y a Perú después; estaba en Lima por 1605. Participó en varias expediciones militares por el Pacífico con Fernández de Quirós, desempeñando el cargo de cronista y secretario. A su vuelta a España estuvo en Madrid (donde pudo haber tenido una hija natural) y se instaló después en su Sevilla natal. Aunque cultivó otros géneros literarios (como la épica), el grueso de su producción lo integran las obras teatrales, la mayoría sobre temas históricos y legendarios. Lope de Vega le cita elogiosamente en el Jardín Alegórico de la Filomena (1621). También se le menciona, años después, en el vejamen que escribió Cáncer como secretario de la academia madrileña, hacia 1649. Pérez Montalbán, por su parte, no dejó de acordarse en el Para todos (1632) de las comedias de Belmonte: "Ha continuado muchos años el escribirlas y el acertarlas, que en él todo es uno, siendo en las veras heroico y en las burlas sazonadísimo". Entre sus amistades literarias sobresale la que le unió con el novelista sevillano Mateo Alemán. La Barrera se hizo eco de estos elogios al enjuiciar el teatro de Belmonte Bermúdez, enfatizando "en el sazonado chiste y en la intención epigramática", así como en "algunas otras dotes de invención y de poesía". *** Últimamente se ha discutido la influencia que la censura pudo haber tenido sobre la vida y la obra de Belmonte Bermúdez. Pablo Poó ha resumido así su perfil: Fue un escritor sevillano, que nació en el Barrio de El Salvador. Estudió probablemente en un colegio jesuita, y, siendo joven, marchó a América. Estando en las Indias se embarcó como cronista de una expedición descubridora, a la vuelta de la cual volvió a España de manera definitiva. Desde entonces, su vida pasó entre estancias más o menos largas en Madrid y Sevilla, escribiendo obras de teatro y obras en prosa, normalmente con un éxito no demasiado llamativo, muriendo anciano y pobre [...]. Descartada la escasa calidad literaria como causa de su olvido, comenzamos a investigar si la censura no habría tenido que ver en esta falta de datos sobre la figura de Luis de Belmonte [...] las causas del silencio que envuelve la obra de Belmonte pueden tener relación con uno de los hechos más misteriosos e interesantes del reinado de Felipe IV: el asesinato del Conde de Villamediana [...]. Las consecuencias inmediatas de su colaboración en La Gloria de Niquea tras el asesinato de Villamediana fue una ocultación de su nombre, por miedo a la represión y a la censura, para que las obras que escribía pudieran ser representadas con libertad. [2011: 434-435 y 440-442] Se refiere Poó a la tesis de Antonio Sánchez Jiménez acerca de que la consecuencia inmediata de la colaboración de Belmonte en La gloria de Niquea tras el asesinato de Villamediana fue una ocultación de su nombre (por miedo a la represión censoria) para que sus obras pudieran ser representadas: Debemos relacionar el silencio que rodeó la autoría de El Diablo predicador y luego de Siempre ayuda la verdad con el provocado por el estreno de La Gloria de Niquea. Es necesario comprender que el misterio en torno a la atribución de la gran comedia que nos ocupa se debió, por tanto, no a que los contemporáneos tuvieran dudas acerca de ella, sino a un tipo especial de censura, a una censura de nueva especie: el terror que sintió Belmonte tras el asesinato de 1622 le llevó a esconder su autoría de una obra que, como Siempre ayuda la verdad, había de representarse ante el propio instigador del asesinato que tanto le atemorizaba, el rey Felipe IV. Es imprescindible reconocer el papel que la autocensura representó en el caso de El Diablo predicador, Siempre ayuda la verdad y La Gloria de Niquea. De cualquier manera, es importante asimismo observar que en las circunstancias que envuelven a estas tres obras se descubren los dos elementos que componen la particular autoncensura: en primer lugar, una motivación política, no moral o religiosa, y en segundo lugar, unas consecuencias meramente limitadas a la transmisión de la autoría de la obra, y no a la alteración de su contenido. [Sánchez Jiménez, 2001: 16] En opinión de Sánchez Jiménez, el hecho de que Belmonte se viera involucrado en la composición de una obra teatral que provocó el asesinato de su autor, hizo que se autocensurara y ocultara su nombre como autor de otras comedias para no ser represaliado: El intransigente Navarro Espinosa censuró duramente varias obras de Belmonte: El acierto en el engaño y robador de su honra, de 1641, A un tiempo rey y vasallo, de 1642, y El príncipe perseguido, que Belmonte escribió en colaboración con otros ingenios en 1650. Es necesario apuntar que se pueden encontrar en numerosas obras contemporáneas a estas de Belmonte pasajes permitidos exactamente idénticos a los censurados por Navarro en nuestro poeta sevillano. Además, para confirmar el tratamiento especialmente desigual que recibió Belmonte está el caso de Casarse sin hablarse: Navarro aprobó esta comedia en 1641, pero el "Consejo de su Magestad de la Suprema y General Inquisición" le enmendó la plana al año siguiente, suprimiendo y expurgando un considerable número de versos. Parece evidente que Belmonte sufrió una furibunda persecución por parte de los censores […]. Por tanto, su implicación en los sucesos de Aranjuez de 1622 le costó a Belmonte la expurgación de muchas de sus obras o incluso la obligación a recurrir a un tipo especial de autocensura (el ocultar su responsabilidad sobre las comedias) para preservar el contenido de otras. El último caso fue el de El Diablo predicador: para conseguir la aprobación de la comedia, Belmonte tuvo que ocultar su autoría. Es por ello que tan famosa obra no tuvo problema alguno con la censura en todo el siglo XVII, frente a lo que sucedió con otras más tardías cuya autoría sí admitió. [ibíd.] Pablo Poó, sin embargo, cree que hay que ser cautelosos a la hora de formular teorías que no cuenten con una base documental suficientemente firme, por lo que se desmarca de la tesis de Sánchez Jiménez: Relacionar a Belmonte políticamente con Villamediana es, cuando menos, arriesgado, debido a que la documentación existente no nos muestra a un autor especialmente comprometido con la política, o posicionado en una opinión política u otra que le proporcionara unas series de ventajas editoriales o de cualquier índole, o, por el contrario y como afirma Sánchez, una personal represión política materializada en un acoso censor evidente […] No parece que Luis de Belmonte Bermúdez tuviera en su época la suficiente importancia como para ser objeto de persecución política censora […] Dentro de este contexto de suposiciones y conjeturas, podríamos suponer (solo para ofrecer un punto de vista contrario al de un Belmonte perseguido por sus ideas políticas y relacionadas con Villamediana en el mismo contexto de carencia de pruebas documentales) que Belmonte podría ser un espía del régimen que vigilara a Villamediana, ya que tras su muerte continúa trabajando en la corte. Por tanto, parece que el estado de la cuestión, aunque no suficientemente documentado, no toma los derroteros de la represión política, sino más bien estaría relacionado con los temas tratados por Belmonte en sus obras, polémicos para su época y en muchas ocasiones enfrentados con las ideas de la Inquisición y la Iglesia, de ahí la crudeza de los censores eclesiásticos con él. [Poó, 2011: 441-442]